Libro: Filosofía de la posmodernidad

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En este libro he intentado realizar un trabajo que, por un lado, recupere aquellas reflexiones y vivencias durante los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial en Alemania (de filósofos como Horkheimer, Adorno, Benjamin) relacionándolas con las controversias actuales sobre la posmodernidad. Por otro lado, y con el fin de desarrollar nuevas perspectivas teóricas intenté también hacer un análisis histórico sobre la naturaleza de la modernidad especialmente de algunos países de América Latina.

Si bien es cierto que en los últimos años el tema de la posmodernidad se ha vuelto un tema muy polémico, sin embargo esta discusión sólo ha ocasionado  mayor confusión conceptual. La confusión residiría principalmente en la reducción del debate a una cuestión de estilo artístico. Aquí no nos referiremos a ese posmodernismo artístico, sino más bien al posmodernismo filosófico como un conjunto de conceptos o proposiciones, actitudes y valores que caracterizan la sensibilidad colectiva en los últimos años.

 Reconociendo que estamos ante un problema muy complejo y ambiguo, tenemos la concepción que fue abierta por J.F. Lyotard cuando planteó una crítica de la razón y del sujeto.  Según este planteamiento, la posmodernidad significa fin de los «grandes relatos» de la emancipación o de la totalidad; imposibilidad de fundamentación epistemológica y rechazo a la fe en el progreso. En esta línea que caracteriza a la mayoría de filósofos posmodernos, se ataca la posibilidad de verdad científica y el terror impuesto como teoría. El posmodernismo se torna así la «ideología de la poshistoria». Esto significa que estaríamos ante un proceso de pérdida de sentido que ha llevado a la destrucción de todas las historias, referencias y finalidades. El nuevo periodo histórico (visto desde esta perspectiva), sería una realidad ya cumplida, y la muerte de la modernidad habría hecho su aparición.  La característica principal de este enfoque es que, quienes lo defienden, se declaran abiertamente en contra de la Ilustración.

Por otro lado, y en la medida en que no podemos echar en saco roto todo el conjunto de críticas filosóficas a la modernidad, hay una interpretación que podríamos caracterizar como «posmodernismo progresista», por estar ligada a los esfuerzos de un programa micropolítico de nueva izquierda des-centrada. Esto significa que en alguna parte se renuncia a las formas prácticas y teóricas de los movimientos marxistas tradicionales, ortodoxos o dogmáticos. Se puede decir que esta interpretación postula  una especie de pluralismo democrático, una nueva forma posracionalista de totalización y un movimiento de superación de la razón y del sujeto. Desde esta perspectiva, el posmodernismo sería una «radicalización de la modernidad». Se trata de construir una sociedad heterogénea a partir de una crítica de la razón instrumental. Así se puede distinguir entre una tecnología orientada hacia las necesidades humanas, y otra tecnología aplicada a la rentabilización del capital, al control burocrático y a la manipulación política.  Ya no se trata simplemente de una oposición maniqueísta entre «Ilustrados» y «no Ilustrados», sino que se ve la necesidad de una tercera vía. Para desarrollar esta tercera vía, se abre la posibilidad de replantear el pensamiento de algunos filósofos como Jacques Derrida en un sentido no conservador. Esto significa que puede abrirse  un diálogo fructífero entre marxismo y posmodernismo.

 Este diálogo resulta necesario ya que el colapso del «socialismo real» abre la posibilidad de abandonar esquemas ortodoxos de explicación social. Este abandono implica liberarnos de concepciones teleológicas, progresistas, productivistas y eurocentristas de la modernidad. Así la posmodernidad puede ser replanteada como un periodo histórico donde se radicaliza la modernidad.

Pero más que hablar de la posmodernidad como una nueva fase histórica se defiende la idea de una «alta modernidad», es decir de una época donde las tendencias al desarrollo del yo, de autonomía personal, la democratización política y cultural, etc, no se debilitan sino que se profundizan y se universalizan.

En la segunda parte de este libro, intentamos ubicarnos filosóficamente en los problemas actuales de América Latina y re-trabajar estas cuestiones reflexionando sobre el proceso de occidentalización, además del colapso del «socialismo real», la «globalización», las guerras regionales y los numerosos conflictos inter-culturales recientes.

Comparando algunos procesos de transición a la modernidad en países europeos y latinoamericanos,  surgieron nuevos elementos de juicio para replantear de modo más específico los conceptos de modernidad y posmodernidad. Estos nuevos elementos nos han permitido sostener que no estamos ante el fin del sujeto, de la razón o de la historia. Estas ideas sólo justifican el triunfo de la muerte, es decir, del capitalismo como «fin del socialismo» o «fin de la modernidad». Todos estos términos parecen ser sólamente expresiones de un discurso ideológico hegemónico. Como tales no tienen base real en que apoyarse. Desde ninguna realidad social resulta válida la afirmación de la falta de sujeto o de sentido de la historia.

Para llegar a esta conclusión, nos sirvieron mucho algunos planteamientos metodológicos de autores como Marshall Berman especialmente sobre la necesidad de diferenciar la modernidad, la modernización y el modernismo. Así retomamos los problemas de la primera parte (cómo la modernidad se volvió modernización técnica y económica) y desarrollamos la idea de cómo reorientar esta modernización con el modernismo cultural (idea que a nuestro juicio desarrolló bastante bien Walter Benjamin).  No sólo es posible entender la modernidad con relación al modernismo estético sino también al modernismo político y cultural.

 No hay una modernidad general que fatalmente obliga a todas las sociedades a destruirse por el mal uso de la técnica. No es que la técnica en sí ocasione opresión y dominio. Ella depende del tipo de estructura política y económica. Es posible que en varios países latinoamericanos seguirán fracasando intentos de modernización de no replantear este vínculo entre la tecnología y el tipo de estructura política y económica. 

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