Este video sobre el Grupo Becuadro en dos partes registra un conversatorio dedicado a rememorar, analizar y revalorizar la trayectoria del Grupo Becuadro y su impacto en la escena cultural boliviana durante los años 70, así como el papel formativo y transformador del Instituto Eduardo Laredo, ciudad de Cochabamba-Bolivia
- Contexto Institucional y el Legado del Instituto Laredo
Noemí Uzeda (Directora actual del Instituto) destacó la importancia de revisitar las primeras promociones de la escuela para comprender el impacto actual y la vigencia del proyecto de formación integral concebido por sus fundadores (Franklin, Rafael y Eduardo Laredo) en 1961.
Franklin Anaya Giorgis (ex Director del Instituto) describió al instituto de aquella época como colegio que fomentaba la libertad y la acción creadora. Resaltó la figura de su abuelo como un arquitecto del espíritu; que dejó una profesión exitosa para dedicarse por completo a construir esta alternativa educativa. Asimismo, mencionó su reciente tesis doctoral, la cual demuestra con datos duros cómo la educación artística del Laredo potencia la inteligencia de los estudiantes.
- Origen, Filosofía y Acciones del Grupo Becuadro
Samuel Arriarán aclaró que Becuadro (activo entre 1974 y 1978) no fue un grupo musical, sino un pequeño movimiento cultural y una utopía estética positiva surgida de la promoción de 1973. Tomó su nombre del signo musical que altera las notas para simbolizar una ruptura con el arte costumbrista y el academicismo tradicional de la época.El grupo destacó por exposiciones plásticas poco convencionales en las que utilizaban herramientas como escobas, jeringas y globos llenos de pintura lanzados hacia lienzos de gran formato, desafiando las normas de la crítica oficial local. Su producción se expandió hacia la literatura (antipoemas y antinovelas), el teatro callejero y los happenings. El movimiento actuó como una forma de resistencia cultural frente a la censura y la represión de la dictadura militar de Banzer. Buscaban construir una modernidad estética propia para Bolivia, alejada tanto del provincialismo aldeano como del consumismo capitalista norteamericano.
Arriarán recordó a Ronald Martínez describiéndolo en términos filosóficos su genio y personalidad, su talento excepcional para el dibujo, su poesía (con su libro de título irónico “Ojalá hoy me toque la lotería de morir”, su interpretación teatral de Kafka (Informe para una academia) y sus posturas profundamente rebeldes e irreverentes dentro y fuera de las aulas. Tambien recordó al profesor Harry Marcus con profundo afecto como un maestro revolucionario que cambió la dinámica de enseñanza tradicional en el instituto. En lugar de centrarse en tareas utilitarias, Marcus introdujo a los alumnos a autores de vanguardia (como Bradbury, Quiroga, Poe y Cortázar), fomentando que el aprendizaje saliera del aula a la calle mediante dinámicas lúdicas y experimentales como la construcción y persecución de globos aerostáticos.
- Testimonio de Vivencia Educativa
Gonzalo Canedo tomó la palabra para ejemplificar en su propia experiencia lo que significaba la rigurosa selección y la experiencia formativa del Instituto Laredo. Detalló el proceso de admisión de su época, el cual combinaba pruebas de aptitud musical, exámenes de conocimientos generales y evaluaciones psicológicas, un sistema sumamente selectivo del cual emergieron graduados muy pocos de los inicialmente inscritos.
Canedo también detalló cómo el grupo dio un golpe visual sobre Cochabamba, pegando afiches semanales con consignas teóricas vanguardistas para sembrar intriga antes de inaugurar de forma simultánea muestras en las cuatro salas principales de la ciudad (Casa de la Cultura, Portales, el CBA y la Plaza Principal). El movimiento buscaba interpelar y romper la pasividad del espectador mediante dinámicas participativas e irreverencias artísticas que incomodaban a la crítica tradicional, la cual intentaba matizar o suavizar los contenidos explícitos y contestatarios de sus exhibiciones.

- Contexto Periodístico y el Arte como Liberación
Myrtha Fernández aportó la lectura de la prensa y la intelectualidad local de la época. Describió a la Cochabamba de los años 70 como un espacio culturalmente activo pero profundamente encasillado en el paisajismo tradicional y el costumbrismo en artes plásticas y escénicas. Sostuvo que Becuadro actuó como un detonante que animó a otros creadores jóvenes a plasmar de forma directa sus sentimientos e indignación. En una coyuntura marcada por la fuerte represión de la dictadura de Hugo Banzer, la experimentación artística emergió como un canal indispensable de liberación y rebeldía.
- Testimonio de la Segunda Generación y Desafíos Actuales
Álvaro Cadima, actuamente profesor del Instituto, se identificó como parte de la generación bisagra llamada a conectar la memoria histórica con el presente de la institución. Recordó su formación bajo la tutoría directa de Ronald Martínez en clarinete, poesía concreta y artes plásticas, definiéndolocomo un maestro extraordinario que enseñaba ad honorem en vacaciones. Recordó con humor cómo, bajo el impulso de Leonardo Silva, introdujeron lenguajes atonales y música dodecafónica en las tradicionales veladas del Día de la Madre, subvirtiendo las expectativas de las familias que esperaban melodías costumbristas o baladas mexicanas. Finalmente expuso las problemáticas actuales del instituto, tales como la rigidez laboral o la asignación de docentes ajenos a la mística laredista. Destacó el valor fundamental de las declaratorias de patrimonio cultural (local, nacional y andino) gestionadas en su momento como auténticos escudos jurídicos para proteger el proceso del Instituto.
Próximos Pasos El encuentro concluye planteando este conversatorio como el inicio de una serie de eventos futuros (sobre Jorge Zabala, Juan José Alba y proyectos de publicación (incluyendo la recopilación de documentos, testimonios y fotografías hasta fin de año) que buscan recuperar formalmente la memoria histórica del grupo Becuadro y del proyecto original del Instituto Laredo