Un recuerdo de Xochimilco: pedagogía, diálogo y experiencia educativa

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Un día, hace tres años, con algunos estudiantes quedamos en encontrarnos en la universidad. Después de la clase nos fuimos a Xochimilco. Por el camino nos compramos  pollo frito y tortillas . Estuvimos horas paseando en una lancha muy contentos de estar en grupo. Siempre que podíamos nos escapábamos de la universidad para romper la rutina y los rituales burocráticos. Sabíamos que las clases podían ser mejores fuera de las aulas.

Así nos íbamos a comer quesadillas al Ajusco o a otros lugares ¡qué poco nos costaba pasarla bien! Y no me refiero al dinero sino al afecto sincero que podía surgir entre profesores y alumnos.

Cada vez que nos reuníamos en la universidad, la clase era una fiesta porque algunos alumnos venían desde lejanos pueblos de Oaxaca. Y cuando teníamos clase nunca lo hacíamos en la forma tradicional, es decir, con el profesor que dicta y los otros escuchan. Hacíamos lo contrario. Una vez una alumna de Oaxaca presentó su avance de tesis haciéndonos oír sonidos de instrumentos musicales prehispánicos, además de hacernos tocar con las manos suaves granos de maíz, comer chapulines y llenando  de yerbas el salón, como si estuviéramos en un temazcal.

temascal

Y es que su tesis se trataba de la cultura de los pueblos de aquella región ¿qué mejor manera de hacernos  comprender esa cultura a través de otros sentidos como el oído, el olfato, el gusto y el tacto?

Pasaba el tiempo hasta que nos obligaron a continuar las clases a través de computadoras y frías plataformas virtuales. Con tristeza también tuvimos que renunciar a las reuniones en el grupo.

¿Y cómo eran esas clases a través de las plataformas? Nunca hicimos caso de los formatos que nos querían imponer. Seguíamos con la dinámica de nuestro seminario sobre hermenéutica. Escuchábamos los avances de tesis de los alumnos. Dejábamos que expusieran como querían (con fotos,videos, etc.). A veces teníamos la impresión de que las plataformas nos estimulaban para decir cosas que presencialmente resultaban imposibles, como por ejemplo aceptar cuestionamientos y críticas.

Durante años logramos usar la tecnología para debatir cuestiones de importancia social, como la situación política y cultural de los países latinoamericanos. .   

Ahora aquellos estudiantes ya se van a doctorar y no  será ya tan difícil volvernos a reunir. Nos queda el recuerdo imborrable de disfrutar de un día soleado en Xochimilco y la esperanza de  revivir el fuerte deseo de una verdadera experiencia educativa a partir de una vida real a través de una sencilla comida en  grupo (apenas un pollo frito y unas tortillas). No falta nada más, ni plataformas virtuales, becas, etc.

Bello recuerdo de Xochimilco

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