
Es un hecho innegable que las nuevas tecnologías están transformando profundamente no sólo la educación sino toda la cultura. Este hecho ya está comprobado y no constituye un principio para nuestra investigación. Más bien es un resultado del cual se puede partir para desarrollar otras preguntas como las siguientes: ¿qué hacer cuando las formas modernas y tradicionales de enseñanza y aprendizaje son sustituidas por celulares conectados a internet, a pantallas electrónicas y algoritmos?
¿Puede haber un sistema educativo global que funcione sólo con base en datos obtenidos por los grandes consorcios que recopilan datos de nuestra vida personal? ¿La inteligencia artificial puede liberarnos?
En la serie Adolescencia vemos una historia que refleja bien el drama de muchos estudiantes que al no poder diferenciar el bien del mal viven su vida sin poder diferenciar lo real y lo virtual. El adolescente Jamie mata a una estudiante de su grupo sin tener consciencia de este acto ¿cómo podría tenerla cuando sus padres no tuvieron tiempo para convivir con él durante su infancia? Así creció encerrado en su cuarto interactuando únicamente con pantallas. Y en la escuela tampoco tuvo una relación humana afectiva. ¿No resulta extraño entonces que con la inteligencia artificial que se impone en las escuelas a nivel mundial la técnica ocupa el lugar de los maestros y el proceso educativo se vuelve un sistema neutro, objetivo que funciona preponderadamente con algoritmos?
Otra serie que trata sobre el mito de la inteligencia artificial es Asesinatos en el fin del mundo. En esta serie la trama gira en torno de un empresario que construye una especie de refugio atómico por el miedo que tiene de que lo puedan eliminar. Se encierra en este bunker junto con varios amigos que aparecen muertos sin una causa o motivo aparente. Alguien investiga el asunto revelando que el autor de los asesinatos es una especie de computadora del tipo de 2001 Odisea del espacio. Lo que interesa en esta serie es ver como hay gente rica que puede servirse de la inteligencia artificial para protegerse de sus probables enemigos. El mismo empresario es quien ha programado los crímenes, siendo por tanto el autor. No hay aquí una visión de la máquina que adquiere autonomía (como un Golem, un Frankestein o un kentuki). Lo que provoca el terror es más bien la paranoia que puede surgir del miedo a perder su poder. Lo más preocupante es que en la sociedad actual ya no es solo la gente rica la que padece la paranoia. También la gente pobre se alimenta cada día de esta profunda sensación de conspiración. O sea que todos los humanos estamos todos atrapados en redes de persecución, como si viviéramos en constantes pesadillas de las cuales resulta imposible escapar, despertar y encontrar una salida racional.