El barroco, una modernidad contracapitalista

el barroco, una modernidad

¿Qué entendemos por barroco? Lo primero que hay que aclarar es que no se trata de un estilo artístico sino de un comportamiento cultural que surge en el siglo XVII. Esto significa que es un ethos o forma de vida, una actitud de resistencia histórica frente a un proceso de modernización capitalista. Para no caer en una discusión abstracta, conceptual o puramente teórica, lo mejor es aplicarlo a prácticas concretas como la literatura, la educación o la filosofía. Nuestro hilo conductor es la vinculación de la categoría del barroco con la hermenéutica y el multiculturalismo en América Latina.

El barroco en la literatura

El barroco es ante todo una categoría hermenéutica, y no en general, sino en concreto, es decir, que se conecta con el proceso de configuración de la identidad cultural latinoamericana.  Donde vemos mejor su relación es con ciertas obras literarias como en  la narrativa de algunos autores como Alejandra Costamagna, Daniel Sada, Carla Guelfenbein, Guadalupe Nettel, Pablo Simonetti, Gioconda Belli,  Valeria Luiselli, Carmen Boullosa, Enrique Serna,  Andrés Newman y muchos otros. Lo que vemos en estos autores es que la enorme posibilidad de recuperación de la actividad imaginativa, posibilidad que se da sólo por un libre trabajo de creación.

Lo que vemos también es el potencial transformador de los textos literarios. Y ¿por qué elegir a estos autores y no a otros?  Tomamos en cuenta su relación con la multiculturalidad, el mestizaje y la transculturización. Es así como interpretamos el barroco en la literatura latinoamericana como un proceso de mezcla de culturas, géneros, clases, etc.

Las obras narrativas de estos autores tienen un alto valor estético y social. Nos permiten comprender la realidad social en que vivimos actualmente

¿De qué modo el barroco se plantea como representación de una modernidad contracapitalista? En el caso de Daniel Sada como utilización del recurso estético del fingimiento y la máscara. Aquí los personajes son siempre otros. La estética barroca de Sada se inscribe en la literatura latinoamericana como un desvío de las formas canónicas. Este recurso se presenta como una transgresión literaria, pero también como cuestionamiento de las formas de vida inspiradas en instituciones modernas. En el caso de Carla Guenfelbein y de Guadalupe Nettel, como un conflicto entre el ethos barroco y el ethos realista. Hay una coincidencia con el mito de Circe y las metamorfosis. Lo barroco aparece como una mezcla de una realidad oscura con una realidad normalizada.

En el caso de Pablo Simonetti, Enrique Serna y Gioconda Belli hay una alusión al mito de Proteo, la sexualidad se desarrolla como como un ethos contestatario. El ethos barroco como modernidad alternativa se presenta como una analogía entre la historia erótica de algunos personajes y la historia económica del país. El conflicto es entre una lógica del valor de uso (el valor no reductible de los cuerpos) y la lógica del valor de cambio (los cuerpos convertidos en mercancías). Aunque parece que hay un triunfo de la lógica del ethos realista, sigue latiendo el ethos barroco como un volcán inextinguible, aún más allá de la muerte. Se trata de un proyecto utópico, de ir más allá de las estructuras de la democracia burguesa y de configurar otra moral sexual para un mundo nuevo. La metáfora de Gioconda Belli de la explosión de un volcán que produce en los hombres sustancias para inhibir la inflación de testosteronas sugiere la erosión biológica natural del patriarcado.

El barroco en la educación

¿Qué lugar y función han desempeñado los textos literarios en la escuela? ¿cómo podría darse esta revaloración para otro tipo de educación sustentada en la polisemia de la imagen? Hasta aquí podemos destacar dos ideas que guiaron nuestro propósito pedagógico de la investigación: la polisemia y la imagen. Es en este momento cuando corresponde hacer otras preguntas: ¿qué función tiene la literatura en la educación escolar? ¿por qué es importante formar lectores?

Estas son algunas preguntas concretas que nos planteamos en nuestro trabajo en la Universidad. Por supuesto que posteriormente surgieron más preguntas y preocupaciones en torno a la relación de la literatura con la filosofía del barroco. Creemos que el resultado final fue un centramiento en el desarrollo de una hermenéutica barroca aplicada a la realidad cultural de los países de América Latina. 

 Lo que inicialmente nos llevó a la reflexión sobre el barroco no fue el afán especulativo sino más bien la necesidad de situarnos en cierta posición hermenéutica frente a los textos. Nos parecía que lo mejor era no posicionarse en el punto de vista del autor, sino más bien en la perspectiva del lector. El análisis hermenéutico nos permitía así comprender mejor el significado del texto y no la intencionalidad del autor. Enfocarnos en el lector aumenta mucho la posibilidad de interpretar mientras que la intencionalidad la disminuye.

En nuestro trabajo en el aula universitaria comprobamos que la base teórica-metodológica del modelo hermenéutico provenía de estudios especializados, como los de la filosofía de Paul Ricoeur, H. G. Gadamer, Jacques Ranciere, además de algunas teorías de la hermenéutica literaria (como la teoría de la recepción de Hans Robert Jauss y Wolfgan Isser).

 Hacía falta desarrollar lo que significa esta manera de leer. Era necesario responder a preguntas como ¿qué significa interpretar? ¿cómo se realiza una interpretación? Una de nuestras preocupaciones era, pues, proporcionar al docente y, por su mediación, a los alumnos, una fundamentación y una aplicación práctica de la lectura desde este enfoque.

Necesitábamos una metodología de enseñanza-aprendizaje de la lectura de textos literarios fundamentada en un enfoque acorde con la naturaleza del discurso literario, y que esté centrada en los efectos de la lectura en el lector, lo que ayuda a lograr la formación de lectores competentes que integren la lectura como práctica del lenguaje en su vida cotidiana y no sólo como tarea escolar.

En los últimos años nuestra preocupación derivó hacia la teoría del barroco latinoamericano bajo el impacto de las nuevas tecnologías de la información. Partimos del hecho histórico de que el libro, soporte por excelencia del texto literario, ha sido el eje pedagógico de la escuela, en su desarrollo moderno; sin embargo, en la actualidad advertimos que el texto escrito ha sufrido un desplazamiento cultural, a partir del gran auge que han tenido los medios electrónicos audiovisuales. Se debe tener en cuenta que los medios audiovisuales han traído cambios en la sociedad, la cual está adaptándose cada día más a las imágenes que promueven las tecnologías como los video juegos, los teléfonos celulares, la internet, etc., con intenciones comerciales más que educativas.

Ante este acontecimiento cultural suscitado por la tecnología, ha sido insuficiente la respuesta del sistema educativo escolar hacia los estudiantes. La filosofía hermenéutica nos alerta así de los riesgos contemporáneos de una educación sin símbolos. Nos dimos cuenta poco a poco que debíamos centrarnos en la tradición cultural latinoamericana poblada de mitos, fábulas y de una gran riqueza simbólica ¿por qué no basarnos mejor en el contexto histórico propio (el barroco latinoamericano) en vez de seguir adoptando modelos pedagógicos eurocéntricos?

Aplicar el barroco en la educación significó entonces comprender la interacción entre la escritura y la tradición oral, entre la letra y las imágenes, entre las prácticas docentes y no docentes. En este punto cabe mencionar algunas tesis de nuestros alumnos como de Verónica Nava Avilés, que interpretó las prácticas docentes en México desde un enfoque barroco. 

Últimamente vemos con sorpresa cómo en las universidades como en la UNAM  hay cambios curriculares como la introducción de la teoría de Bolívar Echeverría del ethos barroco en la enseñanza de la ética en el bachillerato. Y es que en efecto, la concepción del ethos barroco en el sistema educativo comienza a plantearse como una nueva visión filosófica de lo multicultural, la transdisciplinariedad y la interculturalidad. 

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