El barroco latinoamericano según Lezama Lima

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Las primeras investigaciones del barroco se ubican en Cuba en los años 50 especialmente en los ensayos de Lezama Lima. Este autor, como posteriormente Severo Sarduy y Alejo Carpentier, vieron cómo se introducían a la  escritura una gran cantidad de símbolos provenientes del ámbito de la tradición oral como las fiestas, cantos, costumbres locales, etcétera. Se puede afirmar que estos autores fueron los primeros en  llamar la atención sobre la pertinencia de reflexionar acerca de la estrecha relación entre lo barroco latinoamericano como diferente del europeo. 

Este señalamiento tuvo  fuertes implicaciones no sólo en la historia de la literatura latinoamericana sino también en la filosofía. En estos autores encontramos una conciencia reivindicatoria de la identidad que proyecta ante el mundo una filosofía barroca, es decir, una conversión de lo universal y lo particular ya no como dilema abstracto sino como mestizaje cultural. No se trata de una filosofía esencialista o de búsqueda de nuestros orígenes metafísicos sino más bien de una concepción del sujeto ya no en términos racionalistas. En vez de una razón endiosada  Lezama Lima nos propone un logos poético o como él mismo dice un “eros cognoscente” (1993, La expresión americana).

Para Lezama Lima, América Latina es fundamentalmente barroca. Lo barroco no es sólo europeo o transhistórico como plantea Wolfflin. Es ibérico y americano por los efectos del descubrimiento y la colonización española. En su libro La expresión americana planteó  el concepto de “era imaginaria.

Lo barroco  figura como paradigma modelador. Lezama Lima nos habla del barroco como modernidad estética. Se trata de una  modernidad mestiza, contradictoria. Hay un imaginario de Oriente que nos remite a las teogonías andinas y al barroco iberoamericano. Esta teoría  que valora ese imaginario no occidental pasando por el barroco constituye el núcleo de la modernidad legítima. En su revisión del barroco iberoamericano (como contraconquista) se vuelve una crítica del concepto de modernidad capitalista occidental. Lezama ve en el barroco el mestizaje, arte de contraconquista (no arte de la Contrarreforma) signo de la modernidad latinoamericana. Lezama quiere oponerse al concepto del barroco europeo como asociado a una política conservadora. Por esta razón plantea la idea de contraconquista que perfila la experiencia del mestizaje.

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