La reescritura de la historia en las novelas: México y América Latina

Más que en otros países, se advierte cierta magnitud de la producción de novelas históricas en los últimos decenios en México. Esta producción se caracteriza por la relectura crítica y desmitificadora del pasado, hay un claro contraste con las lecturas historiográficas y con las interpretaciones oficialistas. Se trataría de ver los lados ocultos de la historia presentando el lado antiheroico y antiépico, lo que importa  ya  no es el pasado glorioso  de los vencedores, sino las derrotas y fracasos. Hay un desencanto no sólo con los movimientos liberadores o revolucionarios de los años 60 sino con la idea misma de progreso subyacente en  los proyectos de siglos pasados en torno de la “ciudad letrada”.

Esto significa que hay una desconfianza o rechazo al ideal ilustrado de la burguesía y las clases sociales que ven en el desarrollo de la ciudad urbana una manera de alcanzar niveles de bienestar comparables a las ciudades europeas. Esto tiene que ver con el debate latinoamericano en torno de la posmodernidad, no se trata de ver si las ficciones  locales son posmodernistas o no. De lo que se trata es de ver cómo responde a un discurso (el de la posmodernidad) que se origina en las metrópolis europeas ¿de qué manera se configuran respuestas a los cambios históricos globales?

No se trata de ver cuáles son novelas históricas y cuáles no. Esto depende de ciertas convenciones genéricas. El problema es que estas convenciones varían según las circunstancias sociales. No son las mismas las convenciones del siglo XIX que las de XX. Hay riesgo de juzgar con criterios viejos lo nuevo. Bajtin señala que los géneros tienen sus métodos de percibir y conceptualizar una realidad. Por eso es una forma de evaluación social.  La novela histórica como género no sólo es una manera de escribir sino también de leer el texto y la historia, un horizonte y un modo de organizar significados.

Y lo más importante, que debemos entender la novela como un género inacabado, siempre abierto, y que por tanto constituye un testimonio de que la historia no ha terminado. El pasado en la novela histórica no es un mero recurso. El pasado recuperado cumple una alta función social  al ayudar a reconstruir la historia. De lo que se trata es de ver como las novelas actuales mantienen un dialogo crítico  con aquellas formas discursivas  que narraron la historia mexicana como es el caso de las Cartas de Relación y las Crónicas de Indias. La novela histórica tiene un aspecto cognoscitivo. Es una forma de conocimiento y un modo de afectar la memoria histórica colectiva.

Homero Aridjis

1492 Vida y tiempos de Juan Cabezón de Castilla es la primera parte de la novela de Homero Aridjis dedicada a reelaborar la historia de la conquista de México. Mientras en esta primera parte se dedica a narrar la vida de Juan Cabezón en España, la segunda parte (Memorias del Nuevo Mundo), trata de su llegada a México en 1492 en compañía de Cristóbal Colón. El resultado es una obra de casi mil páginas donde a través de la ficción se nos revela lados oscuros de la historia como la persecución de los judíos o el punto de vista de los vencidos que interpretan la conquista, no como final, sino como comienzo del verdadero mundo (comienzo para el cual era indispensable que algunos españoles pasaran por el cuchillo ceremonial para revivir  a Huitzilopochtli).

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La primera parte está narrada en primera persona. Juan  narra su historia  desde su nacimiento en Madrid en 1435 como hijo de judíos conversos. Luego su infancia después de la muerte de sus padres como niño vagabundo hasta que se encuentran con Pero Meñique, un judío ciego que lo adopta como en El Lazarillo de Tormes (ésta cita parece un referencia intertextual).

Ya adulto Juan Cabezón se enamora de Isabel de la Vega con quien tiene un hijo. Un día su mujer lo abandona y Juan se dedica a buscarla viajando a través de Zaragoza, Calatayud, Teruel, Toledo (donde se cruza con Cristóbal Colón preparándose para su viaje a Las Indias)). Finalmente encuentra a su mujer y a su hijo en el Puerto de Santa María donde Colón está a punto de iniciar su viaje. Acuerda con Isabel volverse a encontrar en Flandes, mientras él se decide viajar al Nuevo Mundo en busca de fortuna.

El contexto histórico de la novela lo marca  el inicio del reinado de Fernando e Isabel. Época de persecuciones contra moros y judíos. Lo interesante es que Aridjis se concentra más en los judíos contra los cuales los reyes parecían empeñados en imponerles una política de exterminio sistemático. Así, con Fray Tomás de Torquemada establecieron en 1849 la Inquisición. Además de describir con abundancia de detalles las torturas y matanzas de los judíos,  Aridjis muestra que esa España sanguinaria no hubo otra alternativa que escapar. Es interesante la presentación de anuncios del fin del mundo como el eclipse de sol de 1845. Lo curioso es que esta estructura de la novela se repite en la segunda parte donde el final es también un apocalipsis.

En la segunda parte (Memorias del Nuevo Mundo) se cuenta como Juan llegó a México en 1492. Es testigo de las primeras represiones contra los indios. Después es nombrado capitán de Hernán Cortés y participa de las masacres en Cholula y en  México Tenochtitlan, lo que llama nuestra atención de lectores es ver cómo después de haber condenado todo acto de represión contra los judíos en España, Juan parece imperturbable ante  lo que los españoles hacen a los indios. No hay indicio alguno de remordimiento de conciencia. Le parece natural torturar y masacrar,  Homero Aridjis quiere mostrar a su personaje quitándole toda huella de heroísmo, junto a los otros capitanes  de Hernán   Cortés como Gonzalo Dávila, es otro más que nunca tiene dudas en exterminar a los paganos. Por eso es que no se extraña cuando en 1530 se instituye la Inquisición con la consiguiente quema de los hechiceros nativos. Al igual que en España hay señales de fin  de mundo como la epidemia de 1540 que inició el proceso de despoblamiento de la Nueva España.

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Así pues, la novela de Homero Aridjis al mismo tiempo que describe a sus personajes sin huellas de heroísmo (tal como aparecen en  las historias oficiales de la conquista), muestra a individuos frágiles, frustrados y desengañados, sin siquiera haber tenido la posibilidad de descendencia. El  propio Juan Cabezón, sin haber obtenido riqueza ni nada en su vida, concluye sus memorias con el relato del sacrificio de su amigo Gonzalo Dávila y no  comprende como este sacrificio puede significar dos hechos opuestos: el fin del mundo y el nacimiento de otro en 1559.

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