
En los últimos años venimos oyendo varias voces donde se plantea desarrollar una nueva epistemología correspondiente a la realidad actual de los países latinoamericanos. Lo que hay que analizar entonces es: ¿por qué la vieja epistemología ya no da cuenta de la realidad actual? ¿Qué entender por epistemología? ¿Cuál es el papel tiene la mezcla o el mestizaje en la redefinición de la epistemología? ¿La hermenéutica puede constituir una epistemología barroca? ¿Qué entender por lo barroco y por una epistemología barroca en América Latina? Más que responder a estas preguntas, lo que me guía es una preocupación: en el momento actual cuando ya se admite la utilidad de la hermenéutica ¿hay necesidad de vincularla con la epistemología, pero no con cualquiera sino con una particular (la barroca) que coincide con lo que algunos autores denominan “epistemología del sur”? Se trataría entonces de contextualizar la epistemología en una situación histórica y geográfica. El problema es que no basta aceptar la necesidad de una epistemología en general sino una que responda a un proceso latinoamericano de resistencia a la globalización neoliberal. 1. ¿Por qué la vieja epistemología ya no explica la realidad actual? Boaventura de Sousa Santos nos plantea que en el momento actual en América Latina, necesitamos una nueva teoría del conocimiento que refleje la nueva realidad que estamos viviendo. Según él, hay necesidad de un replanteamiento radical de las nociones de tiempo y espacio. El hecho de que estemos ante procesos de transformación social como la conformación de Estados plurinacionales, requiere un rompimiento con las categorías epistemológicas de origen europeo occidental. El defecto de dichas categorías es que piensan la política en términos de procesos de corta duración y en el contexto de transformaciones de la modernidad. Según este autor, lo que produce la crisis epistemológica en América Latina es el hecho de que las transiciones sociales arrancan desde la conquista atravesando periodos largos de más de 500 años. Lo que se plantea entonces es una ruptura con la colonización, simultánea con el sistema capitalista:
“La duración de la transición es mucho más larga que la transición de las transiciones democráticas. Para los pueblos indígenas la transición comienza con la resistencia a la conquista y el colonialismo y sólo terminará cuando la autodeterminación de los pueblos sea plenamente reconocida.” (de Sousa Santos, 2010 p. 74).
Si las categorías de la epistemología de los países europeos no nos permiten pensar los nuevos procesos sociales, necesitaríamos entonces una nueva epistemología, una del Sur, frente a la del Norte, una nueva forma de conocimiento según otra concepción del espacio y del tiempo. Según esto, la refundación del Estado es un proceso de larga duración, más allá de las coyunturas electorales. Es difícil rebatir este argumento ya que en la mayoría de los países latinoamericanos sobrevive el colonialismo, y no solo el colonialismo externo, sino también al interno. La sobrevivencia del Estado colonial (o neocolonial) hace posible que haya justificación para la autonomía y la autodeterminación de los pueblos originarios. No se trata sólo de postular una nueva filosofía nacionalista, fundamentalista o descolonizadora. El problema es ir más allá de la teoría política filosófica centrada en la tradición occidental, desde Maquiavelo, Hobbes, Weber hasta la escuela de Frankfurt. Esto significa postular una epistemología como una nueva filosofía, y no sólo como una metodología. Pero no se trata de una epistemología que gira en torno al saber o el puro conocimiento sino que se trata de un paradigma de transformación social. Habría que reconceptualizar entonces y de manera radical todas las propuestas emancipatorias de los movimientos de globalización contrahegemónicos y que tendrían “muy poco que ver, en términos de objetivos, estrategias, sujetos colectivos y formas de actuación, con aquellas que constituyeran históricamente los patrones occidentales de emancipación social” (de Sousa Santos, 2011, p. 356). Si lo que necesitamos es una nueva filosofía como una nueva epistemología tendríamos que admitir la posibilidad de que pueda existir una epistemología similar a la que hemos denominado hermenéutica barroca. Antes de pasar a este punto debemos intentar responder a la siguiente pregunta: ¿tiene sentido postular una filosofía “original” distinta u opuesta a la filosofía occidental? Quizá el problema así planteado nos lleva a otro falso dilema de la filosofía moderna ilustrada (una falsa oposición entre lo propio y lo ajeno).
Lo que habría que hacer entonces es replantear el problema a partir de la evidencia innegable del mestizaje. Ya no tiene sentido oponer una epistemología extraeuropea contra una vieja epistemología centrada en el ser. Esto lleva únicamente a una nostalgia por lo perdido y una melancolía por lo puro, como si únicamente se tratara de recomponer la metafísica occidental. Por el contrario, lo que habría que oponer a esta metafísica es una epistemología de lo múltiple, lo que se resiste a la homogeneización y a la integración. A esto le llamamos una epistemología barroca. Antes de pasar a este punto es necesario todavía despejar el terreno analizando la crisis de la epistemología occidental.
La epistemología del sur de Boaventura está entonces lejos de ser una epistemología barroca. No comprende que lo barroco puede ser una forma de modernidad alternativa diferente de la modernidad europea. De lo que se concluye que no es muy convincente el enfoque de Boaventura que intentando romper con el colonialismo y el eurocentrismo a través de una comprensión no occidental del mundo recae en el eurocentrismo. No quiero decir que debemos minimizar la teoría de Boaventura sino más bien tomarla muy en cuenta porque nos invita a pensar en las dificultades para desarrollar una epistemología barroca con base hermenéutica y contextualizada en nuestros países.
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