
Un rechazo de la uniformización cultural puede derivar a veces en una reivindicación de la modernidad como independencia económica y política de una nación (como en el caso de los vascos, gallegos, catalanes, etc). Luis Villoro ha elaborado una teoría alternativa basada en la multiculturalidad.
No es lo mismo multiculturalidad que multiculturalismo. La multiculturalidad es la situación histórica objetiva de la mezcla entre culturas, mientras que el multiculturalismo es la ideología de esa situación. Por eso no hay un solo tipo de multiculturalismo, si no varios: el europeo y anglosajón (basados en la integración y homogeneización) o el de los países latinoamericanos (más abiertos a las diferencias). La multiculturalidad es «descriptiva» mientras que el multiculturalismo es «normativo».
Aunque no se trata de una teoría acabada, sistemática, sin embargo hay numerosos pasajes de su obra donde se presentan tesis relacionadas con el derecho de las comunidades indígenas a preservar sus diferencias culturales (y que pueden coexistir sin mayores conflictos con valores de la cultura occidental). Villoro da a entender que en el caso de la lucha de los zapatistas, por ejemplo, se perfila una estrategia de resistencia a la globalización mediante el rechazo de las formas de dominación externa, pero esto no significa reivindicar la independencia económica y política, aunque sí, cierta forma de autonomía cultural y apertura relativa al mestizaje.
Frente al modelo neoliberal que se funda en una ética individualista donde no hay lugar para el reconocimiento de derechos culturales colectivos, Villoro propone un modelo alternativo de sociedad basado en la igualdad y en la comunidad. Este modelo viable para México intentaría hacer compatible la libertad individual con la comunidad: «la comunidad tiene por fundamento ético el servicio, no el cálculo del propio beneficio. No existen funcionarios permanentes. En sus sistemas de cargos las autoridades no reciben remuneración alguna».
Por supuesto que para realizar este modelo hace falta una profunda transformación de la legislación. Sería necesario que el Estado, además de defender las libertades individuales, también defendiera los derechos culturales colectivos.
El fundamento ético del multiculturalismo
Para comprender mejor el concepto de multiculturalismo de Luis Villoro es necesario precisar su concepción de la ética. Hay necesidad de un ideal regulativo ya que de otra manera, la práctica política alternativa corre el riesgo de derivar en un futuro inmediato en el voluntarismo y el activismo ciego. Villoro se da cuenta de los peligros de una reivindicación independentista que encubre una xenofobia nacionalista; por esta razón no olvida recuperar todo lo valioso de la tradición occidental.
El concepto de multiculturalismo de Villoro tampoco corresponde a un paradigma de simple «vuelta a la comunidad indígena prehispánica». Villoro está lejos de sostener un mero idealismo ético que reduce la lucha política a un conflicto de valores. Los valores se realizan históricamente en la práctica política; como conceptos teóricos son vacíos de significado.
Si no puede haber postulación abstracta de los valores, Villoro plantea entonces que cabe pensar en un proyecto político plural que lleve a la práctica los derechos colectivos de las culturas indígenas en virtud de su libre derecho al autogobierno. Esto coincide con la demanda de los zapatistas de autonomía política y de mantener sus usos y costumbres.
Si se tiene en cuenta que, como en el caso de Chiapas, la demanda de justicia social va acompañada de la exigencia de respeto a la autonomía, ¿por qué no pueden ser viables otras formas de democracia pluralista diferentes a la democracia liberal, puramente electoral y parlamentaria? La propuesta alternativa de Villoro es un multiculturalismo basado en una democracia comunitaria (que es totalmente diferente de la democracia liberal, ya que implica una forma de autogestión y autonomía grupal).
La propuesta de Luis Villoro representa una alternativa radical a la modernidad capitalista: la posibilidad de que múltiples formas de vida, de interpretación, de organización política, coexistan dentro de un Estado que reconozca genuinamente la pluralidad. No se trata de tolerar la diferencia desde una posición de superioridad (como hace el multiculturalismo liberal), sino de aceptar la igual dignidad y validez de diferentes horizontes de comprensión.
Esta visión hermenéutica del multiculturalismo tiene consecuencias profundas para cómo pensamos la educación, la política, la justicia y la cultura en América Latina. Es en esta dirección donde el pensamiento de Villoro sigue siendo hoy profundamente vigente.
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4 comentarios sobre “Multiculturalismo y modernidad según Luis Villoro: una alternativa latinoamericana”