La memoria y el olvido en la narrativa de Edmundo Paz Soldán

edmundo paz soldan

¿Cuál es el modo en que Edmundo Paz Soldán se representa el problema de la memoria y el olvido? Primero habrá precisar el contexto de su obra narrativa (los años de la democracia en Bolivia a partir de 1982) que determina un tipo de narración donde los personajes están problematizados con su identidad que ya no se define en función de la modernidad  sino de la posmodernidad y de la globalización. Es así que en sus novelas  El delirio de Turing, Sueños digitales  y  Palacio quemado  la memoria y el olvido se relacionan con el efecto de las nuevas tecnologías de la información que opacan y  difuminan las diferencias entre la realidad y lo imaginario.

¿Cómo se plantea literariamente la relación entre la  memoria, el olvido y la historia de Bolivia? Como parte importante de la nueva narrativa boliviana, la obra de  Edmundo Paz Soldán replantea de manera original la relación entre escritura e imagen.  La representación de la identidad ontológica encuentra en este autor una  expresión particular. Si lo ontológico tiene que ver con el modo débil o fuerte en que las personas se ven a sí mismas, observamos la manera en que una nueva generación posterior a las dictaduras militares intenta reconstruir su memoria y así definir su propia identidad.

¿Y cómo caracterizar la obra de Edmundo Paz Soldán? Si el mundo representado en la literatura es siempre imaginario y si a ello se suma que el mundo real es igualmente inventado, resulta entonces que la realidad representada en la literatura es una doble ficción. Desde este punto de vista podemos caracterizar la obra narrativa de Edmundo Paz Soldán como una construcción autorreferencial, es decir, de una literatura que en oposición al realismo se ocupa de las condiciones que determinan su escritura. Como es sabido, esta tendencia se ubica dentro de la  estética posmodernista. Pero lo interesante a mi modo de ver es la manera en que se aplica dicha tendencia a la historia particular de Bolivia.

Dejo para otra ocasión un análisis comparativo de Edmundo Paz Soldán con la obra de los nuevos narradores bolivianos como Rodrigo Hasbún, Liliana Colanzi o Giovanna Rivero. Mi hipótesis es que en la obra de estos narradores la novela se convierte en ensayo sobre la novela, lo que quizá sea un broche lógico para la idea de la autorreflexividad en la literatura boliviana.

Sueños digitales

La representación de la diversidad ontológica encuentra en algunas novelas de Paz Soldán una buena expresión. En Sueños digitales el personaje Sebastián, corresponde a la generación de los jóvenes bolivianos globalizados. Este proceso de globalización afecta también en el modo de asegurarse el ser. Tenemos por un lado aproximaciones a la teoría de Zygmund Bauman  de las  nuevas identidades líquidas cuando una gran parte de los jóvenes rechaza compromisos fuertes con la realidad (Bauman, 2005). Según esto, los jóvenes posmodernos serían como barcos que no necesitan estar en forma permanente en un puerto. En el caso de esta novela nos encontramos con un joven que ve cómo se diluye su personalidad hasta perder la diferencia entre la imagen y lo real: “Sebastián se palpó el cuerpo como cerciorándose de que existía, de que no estaba soñando lo que ocurría o no pertenecía al sueño de otro.” (Paz Soldán, 2000,198).

Sueños digitales es una novela donde el autor ha logrado plasmar hábilmente la realidad de la dictadura militar bajo la máscara de la democracia. La historia trata de un experto en las nuevas tecnologías informáticas quien hace experimentos con photoshop hasta que se da cuenta del gran poder manipulador de las imágenes. Así como podría reconfigurar la vida de su padre en su infancia, se da cuenta de que puede borrar la memoria de lo que sucedió en el pasado con cualquier persona: “Si se puede proyectar hacia adelante, no veo por qué no se puede crear un niño si te doy la foto de mi papá de treinta años” (102). Cuando un ex militar convertido en demócrata se está esforzando por cambiar de imagen, acude entonces a los profesionales como Sebastián:

Ya se ha reinventado como demócrata. Ahora le ayudarás, si no a borrar su pasado, por lo menos a reinventarlo como un dictador benevolente. Alguien que se dedicó al progreso del país y que nunca organizó a los grupos paramilitares ni ordenó desapariciones de opositores ni masacres de mineros (102).

Edmundo Paz Soldán nos cuenta los problemas de este personaje que en principio no ve inconvenientes en prestarse a la manipulación  mediática, pero finalmente se da cuenta de que el país ha sido convertido en una serie de individuos digitalizados.  Paz Soldán no pasa por alto el hecho de que en el país  se desarrollen resistencias y protestas sociales. Hay que subrayar que en aquellos años surgió un gran movimiento de oposición en torno de la clase obrera e indígena. Esto significa que no todos los sectores del país fueron desmovilizados ideológicamente por la propaganda banzerista. El autor  toma en cuenta lo que sucedió históricamente con el regreso al poder de Hugo Bánzer. En efecto, el militar que de 1971 a 1978 gobernó el país, cuando se presentó como candidato a las elecciones presidenciales (1997-2001) se valió de grandes recursos publicitarios. En este contexto operó un verdadero lavado de cerebro al borrar de la memoria colectiva lo que sucedió durante los años de su dictadura. Si el país votó por el dictador olvidando su pasado, cabe la posibilidad de que el país pudo ser digitalizado. Esto significa la posibilidad real y cercana de no saber nada del pasado y vivir solamente el presente. Bauman señala que en efecto, la identidad ya no se define por el pasado, los archivos o la memoria colectiva, sino por el presente. Se trata de  producir “seres humanos sincrónicos que viven exclusivamente en el presente y no prestan atención a la experiencia pasada ni a las consecuencias futuras de sus acciones” (Bauman; 2010,229). Los asesores de Banzer bien sabían que una gran parte de los votos había que esperarlos de aquellos que por miedo, se dejaron gobernar pasivamente:

Esa propaganda en la televisión, dándole la mano a un mendigo a las puertas del Santuario de la Virgen de Urkupiña, movía a lágrimas y podía hacer olvidar, aunque sea momentáneamente todos los gases lacrimógenos tirados a los maestros, todas las medidas de represión contra los cocaleros (171).

Sebastián se dan cuenta con horror que él mismo puede ser un individuo o robot, ya que agentes del gobierno han intervenido en su domicilio borrando y alterando sus fotografías. Siente entonces que hay un poder más fuerte que él, empieza a tener dudas morales y filosóficas:

Imaginó a la Ciudadela como uno de esos organismos que había visto en alguna película de ciencia ficción o en algún videogame. Un organismo que se autogeneraba, que creaba a quienes lo creaban, y luego se deshacía de ellos. Los caminos se cerraban, pronto no habría puentes para cruzar, pronto vendrían en su búsqueda (206).

¿Hasta qué punto la tecnología responde al interés de la dictadura? Como Sebastián no es adorador de las realidades virtuales y digitales se convence de que el militarismo en la época de la democracia utiliza las nuevas tecnologías computarizadas con fines de represión política: “Se fraguaban suicidios cinemáticos, se desplazaban tropas y fluía el dinero y se derribaban gobiernos y se eliminaban opositores” (204).

Sabemos que en la nueva literatura latinoamericana el tema del borramiento de la memoria por efecto de las nuevas tecnologías digitales, ha sido poco trabajado. Se puede citar La novela perfecta de la escritora mexicana Carmen Boullosa, que describe el momento de la autonomización de las imágenes. En un pasaje de su novela relata cómo se borra la diferencia entre la mente y la computadora. Sobreviene entonces una explosión de imágenes virtuales en una calle neoyorquina. Por su parte Paz Soldán coincide con Jean Baudrillard que en sus obras nos ha explicado que estamos en una época donde la realidad histórica se ha convertido en una realidad virtual: “No sólo las huellas de nuestro pasado se han vuelto virtuales, sino que nuestro propio presente está entregado a la simulación. Con lo virtual no sólo entramos a la era de la liquidación de lo real y de lo referencial, sino también a la era del exterminio del Otro” (Baudrillard; 1996, 149).

El delirio de Turing

De manera similar a Sebastián el personaje principal de esta novela es Turing, otro experto en desciframiento de códigos computacionales que también atraviesa por conflictos morales. Turing no sabe lo que hace o no se da cuenta de que estuvo coludido con la dictadura de Banzer (en esta novela el dictador aparece como Montenegro). Al parecer, a Paz Soldán no le preocupa mucho la fidelidad a los hechos narrados ya que el contexto varía entre la dictadura y el proceso democrático. Leer artículo completo

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