El concepto de modernidad según Habermas

Una de sus debilidades  es plantear una filosofía objetivista de  la historia. Por eso es que la recepción de su tesis  en sentido  de concebir el proyecto de la modernidad como un proyecto todavía no realizado, ha sido considerada en muchos ambientes académicos (especialmente en los países europeos y de Estados Unidos), como una celebración ingenua de un «racionalismo liberal un tanto pasado de moda». La crítica, en general, también le reprocha haber invertido superficialmente el análisis del fracaso de la Ilustración. Debido a que Habermas ha sido comprendido como un defensor de la razón universalista y totalizadora, su obra ha sido acusada de ser sólo una versión más sutil de una tradición intelectual que, de manera inadvertida, fomentó la uniformidad política autoritaria que afirmaba rechazar. Paradójicamente, Habermas, el apasionado defensor del consenso democrático, parece ser al mismo tiempo el «apologista de la razón coercitiva”.

El concepto de modernidad de Habermas

En  América Latina, estas críticas a Habermas pueden ser retomadas. Está muy claro que estas críticas resultan excesivas, aunque hay algo de razón en ellas, puesto que la defensa de la racionalidad y del proyecto de la modernidad, podría hacer pasar de contrabando una receta para la supresión de la diferenciación y la heterogeneidad. Haber advertido esta maniobra quizá sea un mérito de algunos filósofos posmodernos,

En nuestros países latinoamericanos, es obvio que el problema de la  identidad pasa no solamente por la demanda de justicia social, sino también por la demanda de nuestra diferenciación cultural. Y diferenciación no es lo mismo que diferencia. No ser reducidos a una sola racionalidad o al simple sometimiento a la razón europea occidental. Necesitamos por tanto re-definir también la noción de posmodernidad. Wellmer dice que es un movimiento de des-construcción y desenmascaramiento de la razón ilustrada, como respuesta al proyecto modernista y su consiguiente fracaso, y que este movimiento desconstruccionista se expresa como: a) un rechazo ontológico a la filosofía occidental, b) una obsesión con los fragmentos y fracturas y c) un compromiso ideológico con las minorías o movimientos sociales en política, sexo y lenguaje.

Quizás el problema fundamental no sea para nosotros el de alinearnos con una u otra posición, sino más bien el de preguntarnos ¿cómo podemos estar seguros en América Latina de que la racionalidad de la modernidad europea sea algo que valga la pena defender? ¿cómo plantear una alternativa de racionalidad donde se dé valor a formas distintas de interacción, es decir, a una pluralidad de comunidades de habla intersubjetivamente fundadas?

Si queremos liberar al mundo de la vida de las restricciones impuestas por el neoliberalismo y su racionalidad puramente tecnocrática, hay un lugar para el proyecto de la crítica posmoderna, precisamente porque ella cuestiona la lógica de los sistemas. Podría decirse entonces que, más que oposición entre Habermas y algunos posmodernos, habría complementación en el sentido de criticar radicalmente las estructuras y las instituciones sociales. Claro que habría que hacer antes un trabajo de análisis en mayor profundidad especialmente sobre el aspecto conservador de muchos posmodernos. No hacerlo equivaldría a sostener una posición donde todos los gatos serían pardos, lo que es tan decepcionante como sostener a un Habermas perfecto y libre de implicaciones idealistas.

Leer artículo completo

Deja un comentario

Descubre más desde Samuel Arriarán

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo