Estética y filosofía de la praxis. Homenaje a Adolfo Sánchez Vázquez

Una buena noticia. El otro día se presentó en línea el libro Estética y filosofía de la praxis. Homenaje a Adolfo Sánchez Vázquez. Este libro contiene trabajos que se presentaron en un evento realizado en la BUAP hace años. Hay que valorar el esfuerzo de José Ramón Fabelo para que por fin el libro saliera publicado después de muchas dificultades y trabas burocráticas. En la presentación estuvieron Pablo Guadarrama, Gabriel Vargas Lozano y María Cristina Ríos, quienes se expresaron muy bien sobre la calidad de los trabajos. El libro contó con la colaboración de María Aurora Sánchez Rebolledo y se podrá descargar muy pronto en forma gratuita . Quizá para quienes no conocen a José Ramón Fabelo habría que decir que es un apreciado filósofo cubano, que trabaja la mitad del año en Puebla y la otra mitad en La Habana. Dirige una importante colección de libros y se ha especializado en la obra estética de Adolfo Sánchez Vázquez ¡Muchas felicidades!

Sobre la violencia: de Sorel a Marcuse

violencia

LAS REFLEXIONES sobre la violencia que hace Sorel resultan difíciles de comprender al margen de su contexto político y cultural. Dichas reflexiones se justifican como una reacción desesperada ante la estabilización del capitalismo y la integración del proletariado a fines del siglo XIX. En este contexto, la huelga general es para Sorel un acto de violencia a través del cual se llega a la ruptura del Estado. La idea de la huelga general como movimiento de transformación de la sociedad está ligada a su concepción del mito, capaz de liberar una gran energía revolucionaria. Así, del mito social surge para Sorel una ética de la violencia» . Dicha ética no hay que entenderla como un conjunto de razones que justifican una exaltación de la violencia. Sorel, siguiendo a Marx, la concibe como contraviolencia que es legítima únicamente como defensa contra los opresores y sólo durante el tiempo necesario para que éstos sean vencidos. Uno de los discípulos de Sorel que mejor entendió esta tesis fue José Carlos Mariátegui, quien en uno de sus textos señala que  el proletariado tiene un mito: la revolución social. Hacia ese mito se mueve con una fe vehemente y activa» .

 Así, Mariátegui redefine el mito: en relación con la revolución social y ya no como Sorel con la huelga general. Esta redefinición la realiza en función de la realidad latinoamericana. Sin el mito, dice Mariátegui, la existencia humana no tiene ningún sentido. El mito plantea valores que la racionalidad moderna no ha podido crear.

Al dudar de esa racionalidad y dar la prioridad al mito, la posición de Sorel ha sido interpretada ambiguamente (unas veces cercana al socialismo, otras al fascismo). Lo que hay que subrayar entonces es que Sorel, al igual que Hegel o Heidegger, tuvo discípulos de izquierda y de derecha. Es cierto que se apoyó en ideas de Nietzsche y Bergson, pero también de Marx. Es interesante señalar que el mismo Mariátegui no veía conflicto entre esas concepciones filosóficas. En varias ocasiones señaló que Sorel fue el que mejor supo aprovechar algunas ideas de los filósofos idealistas en favor del socialismo.

La presencia de Sorel en Mariátegui fue a tal grado fructífera que le permitió filtrar las tesis fundamentales de Marx y Lenin. Esta presencia además de que se expresó en la concepción del camino revolucionario para llegar al socialismo también lo fue en la concepción de una nueva estrategia (la del socialismo indoamericano). Así, Sorel aportó al pensamiento mariateguiano la posibilidad de traducir el marxismo a la realidad de América Latina. Si como dice Sánchez V ázquez el marxismo en América Latina no debe entenderse como calco y copia del marxismo europeo, entonces el pensamiento de Mariátegui adquiere toda su originalidad, ya que comprendió la actividad del sujeto por sus condiciones históricas particulares.

 Tal era el marxismo de Mariátegui: un marxismo en el que su sorelismo trataba de hacerse compatible con su leninismo en cuanto subraya la importancia del factor subjetivo, aunque sin suscribir clara y abiertamente la tesis leninista de la introducción de la conciencia socialista, desde el exterior en la clase obrera.

Se puede advertir que la influencia de Sorel en varios filósofos marxistas se evidencia en cuanto que permitió desarrollar una problemática distinta de la concepción leninista del partido. Sus reflexiones sobre la violencia hay que situarlas principalmente en el contexto del resurgimiento de la filosofía política de Marx a principios de siglo contra el reformismo de la Segunda Internacional. Ese proceso de resurgimiento se da a través de varias situaciones sociales y políticas, pero confluye con el reconocimiento de la organización de los soviets en Rusia como una nueva experiencia estatal. No es todavía el tema del partido el que predomina en esos años, sino el del Estado como el lugar de la constitución política de clase. La recuperación de la violencia estaba motivada por una misma situación y por una misma intencionalidad. Se trataba de una concepción de los procesos revolucionarios en los que el papel del partido estaba todavía en un plano secundario. El esfuerzo principal era concretar la posibilidad de una organización obrera en las fábricas, es decir, de una democracia proletaria directa. A este esfuerzo corresponde la concepción de la huelga de masas de Rosa Luxemburgo en Alemania y de la organización por consejos de Gramsci en Italia.

En estas concepciones hay coincidencias sorprendentes con Sorel. Es que a pesar de diferentes contextos y situaciones nacionales, la recuperación de la violencia se expresó en una misma motivación: rescatar la verdadera filosofía política de Marx frente al revisionismo de los socialdemócratas y en un mismo afán: el de encauzarla adecuadamente a través de nuevas organizaciones obreras como los sindicatos y los consejos. Es innegable que Sorel compartió ciertos rasgos de una actitud anarquista sobre el Estado; es decir, postulaba como Bakunin que la transformación socialista no consistía en la conquista del poder estatal sino en su destrucción. Por eso no aceptaba la concepción gradualista de la transición democrática ni tampoco la idea de la instauración de un gobierno de la clase obrera. Pero no me parece muy exacto afirmar que por ello Sorel llegó a representar una actitud anarquizante de Marx frente a las versiones que tendían a inclinarse hacia el socialismo de Estado.

 No creo que haya habido tanta oposición entre Sorel y Lenin como con aquellos teóricos como Kautsky que hacían la apología de la democracia liberal, electoral y parlamentaria. Más acertado es afirmar que Sorel representó frente a Lenin una tendencia de izquierda, de radicalismo «espontaneísta» junto con Rosa Luxemburgo.

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Capítulo del libro: El mundo de la violencia

El marxismo crítico de Adolfo Sánchez Vázquez

Para comprender de qué manera Adolfo Sánchez Vázquez recibió el impacto del derrumbe del “socialismo real” puede servir un texto de Bolívar Echeverría donde señala aquello que motivó sus preocupaciones y le hizo dar un viraje reflexivo. Lo que desencadenó este viraje fue el Encuentro Internacional de la revista Vuelta[1]:

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Filosofía y praxis educativa según Adolfo Sánchez Vázquez

En este artículo se intenta comprender la concepción pedagógica de Adolfo Sánchez Vázquez sobre todo como filosofía y praxis de la educación. Primero se revisa el origen de su concepto de praxis educativa, concepto que deriva de Marx. Luego se ejemplifica la aplicación de este concepto en  algunos procesos sociales  como el movimiento estudiantil y la reforma de la educación superior en México. 

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