VIDEO COMPLETO DE LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO EN LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS DE LA UNAM, 22 DE AGOSTO DE 2023.
ADOLFO SÁNCHEZ VÁZQUEZ. FILOSOFÍA, ESTÉTICA Y POLÍTICA PARA LECTURA MARXISTA DE NUESTRO TIEMPO. José Sarrión y Francisco Sierra
Sitio creado por Samuel Arriarán para preservar la memoria y el reconocimiento de la obra filosófica de Adolfo Sánchez Vázquez.
VIDEO COMPLETO DE LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO EN LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS DE LA UNAM, 22 DE AGOSTO DE 2023.
ADOLFO SÁNCHEZ VÁZQUEZ. FILOSOFÍA, ESTÉTICA Y POLÍTICA PARA LECTURA MARXISTA DE NUESTRO TIEMPO. José Sarrión y Francisco Sierra

En 2022 se festejaron los 100 años de Luis Villoro. Una de las formas de conmemoración (además de la que realizó la UNAM a lo grande), fue la publicación de un número monográfico en una revista no muy conocida de México Esta publicación tardó mucho en editarse debido principalmente a la pandemia, pero finalmente salió a la luz.
http://www.apps.buap.mx/ojs3/index.php/tlamelaua…
Lo que sin embargo me extraña mucho es que hubo escasez de referencias sobre la relación entre Luis Villoro y Sánchez Vázquez, siendo así que ambos tuvieron a lo largo de sus vidas sendos diálogos y debates sobre el concepto de ideología o de la historia.
De todas las críticas que recibió la obra de Adolfo Sánchez Vázquez, la de Luis Villoro fue una de las más inteligentes, no sólo por la profundidad y agudez de los argumentos sino también por su aspecto ejemplar para el debate filosófico.
Y es que Luis Villoro fue de los pensadores más lúcidos de la realidad contemporánea. Nunca perdió el tiempo en especulaciones filosóficas abstractas sino que al igual que Sánchez Vázquez estuvo comprometido con las luchas del pueblo. Recordamos con asombro y admiración cuando se reunía con los zapatistas no aceptando privilegios como ser alojado en una habitación con calefacción; prefería dormir democráticamente, como todos en la intemperie, echado sobre un simple petate.
También es imposible olvidar sus clases en la universidad. Nunca se ponía en el papel del profesor que lo sabe todo y que nunca se equivoca. Así era él, un gran filósofo, sencillo, que siempre dialogaba con el más alto rigor argumentativo.
¿Y que nos ofrece la revista? Este número contiene trabajos de autores como Guillermo Hurtado, Ambrosio Velasco, Mauricio Beuchot, Mario Teodoro Ramírez, Gabriel Vargas Lozano, Paulette Dieterlen, y muchos otros que también estuvieron en el evento de la UNAM.
A pesar de la escasez de referencias y de mayores análisis sobre la relación de Luis Villoro con Adolfo Sánchez Vázquez es importante conocer más a fondo la trayectoria y la obra de Villoro.
Por hoy quizá vale la pena descargarse la revista (ya habrá otra ocasión en que hablemos con toda la amplitud que queramos de sus diálogos y debates tan fecundos con Sánchez Vázquez).
https://samuelarriaranhome.wpcomstaging.com/…/multicul…/



Por Samuel Arriarán
Antes de iniciar mi exposición debo decir que soy un alumno que desde muy joven ha tenido su principal formación profesional en los cursos y seminarios del doctor Adolfo Sánchez Vázquez. Tuve la suerte de que me dirigiera las tesis de licenciatura, maestría y doctorado. Por eso es una satisfacción profunda el que se me haya invitado a participar en este homenaje con motivo de sus noventa años. Como contribución a este importante acontecimiento he optado por escribir un modesto análisis con el fin de destacar sus aportaciones a la estética marxista. Como uno más de sus discípulos que le expresan con sinceridad su agradecimiento, le ofrezco este trabajo que intenta primeramente comprender y valorar aquellas aportaciones que ha desarrollado acompañado por Marx y otros marxistas como Lenin, Lunacharsky, Gramsci, Brecht, Kosik o Della Volpe. Finalmente intentaré opinar sobre la vigencia de dichas aportaciones después del derrumbe del “socialismo real”.
El hilo conductor que me guía en este trabajo es tratar de contextualizar la teoría estética de Sánchez Vázquez, que al igual que su teoría filosófica y política responden a las transformaciones culturales y tecnológicas de nuestro tiempo. Habría en la evolución de la teoría estética de Sánchez Vázquez las siguientes tres fases o etapas: 1. De la teorización del arte en la revolución a la revolución en el arte (años 60-70). 2. De la reflexión sobre la conciencia artística y de la realidad a la crítica de la mercantilización del arte (años 70-80). 3. De la crítica a la mercantilización artística a la crítica del clasicismo, del eurocentrismo y de la teoría de la recepción (años 80-90).
Uno de los puntos de donde surgió la teoría estética de Sánchez Vázquez fue la profunda preocupación en los años sesentas por el destino del arte en lo que parecía una inminente transición al socialismo no sólo en algunos países europeos, sino también en varios países de América Latina fuertemente estimulados por la revolución cubana. Es así como postuló la necesidad de no sólo revolucionar la sociedad sino también de revolucionar el arte. En este sentido es que escribió su libro Las ideas estéticas de Marx como respuesta al dogmatismo existente en aquella época que concebía el arte desde enfoques gnoseológicos y sociologistas.
La tesis central de este libro fue la concepción del arte como praxis y trabajo creador, no reductible a la ideología ni a su aspecto sociológico: “Reducir el arte a la ideología o a mera forma de conocimiento es olvidar que la obra de arte es, ante todo, creación, manifestación del poder creador del hombre”. Alrededor de esta tesis desarrolló en trabajos posteriores, como Estética y marxismo, un conjunto de cuestiones fundamentales sobre la naturaleza de la obra estética, el valor del arte, sus funciones sociales, el compromiso político y la libertad de creación, el realismo socialista y la abstracción. Dada la imposibilidad de abordar todas estas cuestiones en el estrecho marco de una ponencia, me limitaré destacar que los orígenes de la estética de Sánchez Vázquez no residen solamente en una justificada reacción al esquematismo y la petrificación en aquellos países del “socialismo real” que por entonces anulaban la creatividad artística en nombre del realismo socialista, sino también en una reflexión ante las profundas incomprensiones sobre la obra de escritores calificados como herméticos, por ejemplo Kafka o de muchos artistas abstractos como Kandinsky, Rufino Tamayo o Wilfredo Lam. En los inicios de las ideas estéticas de Sánchez Vázquez, vanguardia y realismo no son ni podían ser excluyentes, ni tampoco la tradición y el arte moderno, menos aun el arte culto y el arte popular. No es casual que por esos años empezó a desarrollar una fundamentación de la pintura abstracta como lenguaje artístico significante.
La necesidad de esta fundamentación surgió ciertamente del fuerte debate en aquella época entre realismo y arte moderno. Defendiendo con firmeza la validez de la abstracción en el arte moderno, Sánchez Vázquez amplió la definición del arte como forma de lenguaje y expresión creadora de una nueva realidad. A partir de una caracterización amplia y abierta abrió el camino para replantear otros lenguajes igualmente significantes aunque con diferentes signos, como la música o el cine.
Resumiendo hasta aquí podemos decir que lo que caracteriza esta primera fase de Sánchez Vázquez es un conjunto de planteamientos muy concretos alrededor de un núcleo central (la concepción del arte como trabajo creador). En torno de este núcleo se desarrollaron problemas específicos en torno de la relaciones entre el arte y la política en términos de cómo captar la realidad social y de elevar la conciencia de ella. Frente a las concepciones reduccionistas del arte a la ideología, Sánchez Vázquez enfatizó su aspecto significativo propio, es decir, a su dimensión semántica y reflexiva. Esto significaba que no había ni podía haber una contradicción entre el verdadero arte y el compromiso político, tal como se demostraba en la obra de un Picasso o de un Pablo Neruda
En los primeros años de 1970, Sánchez Vázquez vislumbró no una desintegración o muerte del arte (como vislumbraron los teóricos del posmodernismo), sino más bien una socialización del arte como estetización de la vida en el socialismo.4 Tomando en cuenta los cambios técnicos que posibilitaron el desarrollo de la “obra abierta” y con base en la concepción de Brecht y de la teoría de Marx sobre la dialéctica.
Las aportaciones de Sánchez Vázquez a la estética marxista entre la producción y el consumo, nuestro autor profundiza su reflexión sobre el aspecto de la recepción y la participación estética. Si el arte es una actividad práctica y creadora que desemboca en un producto material, la intervención del receptor no se limita entonces solamente a su aspecto significativo. Pero en esta fase todavía no hay en Sánchez Vázquez una crítica a la teoría de la recepción sino más bien una preocupación a partir de ella por extender el arte a los más amplios sectores de la sociedad de tal manera que la creatividad artística no se reduzca a determinados individuos excepcionales.
Paralelamente, desarrolló en mayor profundidad la tesis de la hostilidad del capitalismo al arte. Según él, lo que mata la creatividad artística no es una manifestación abstracta o su aspecto hermético, sino su conversión en mercancía y su manipulación como “arte de masas”. En este punto hay que recordar el interesante cuestionamiento de Ramón Xirau y Cardoza y Aragón, que dudaron del proceso de la hostilidad del capitalismo al arte.
La respuesta de Sánchez Vázquez consistió en señalar que el hecho de los grandes artistas pudieron crear bajo el capitalismo no invalida la tesis marxista de la hostilidad del capitalismo al arte siempre que se entienda ésta como una tendencia de la producción material capitalista y no como una ley absoluta.

El 8 de julio de 2011 Sánchez Vázquez falleció a causa de una pulmonía. Salvo una breve nota en el periódico El País, en España no hubo mayores reacciones. En México la reacción fue de un pesar muy grande. Los principales medios de comunicación difundieron sendos editoriales resaltando la extraordinaria labor del autor de Filosofía de la praxis.
Y es que en realidad la muerte de Sánchez Vázquez significó una gran pérdida; ocurre meses después de la muerte de algunos de los intelectuales mexicanos más críticos como Carlos Monsiváis, Bolívar Echeverría y Carlos Montemayor. Ocurre también en un momento en que España, Grecia y otros países europeos y latinoamericanos atraviesan su peor crisis política, económica y educativa.
Todavía es difícil tomar conciencia de los efectos catastróficos que tiene la pérdida de estos grandes pensadores en un proyecto social alternativo en México. Al inicio de este trabajo nos propusimos intentar analizar la relación de su concepción de la praxis educativa con su conceptualización política y filosófica en general. Podemos concluir que la concepción pedagógica de Sánchez Vázquez se conecta con un tipo de tradición e historia particular: el marxismo del siglo XX. A esto se le puede denominar “espíritu de su época”. En este artículo he intentado sugerir que si bien puede desaparecer dicho espíritu o el contexto social e histórico en que surgió y se desarrolló su vida y obra, sin embargo permanecerán muchas de sus ideas. Tomando en cuenta que la utopía de la revolución socialista fue su principal preocupación filosófica y que dicha preocupación atraviesa sus reflexiones sobre la pedagogía, cabe preguntarse si a pesar de la situación adversa y el descrédito del socialismo, falsamente asociado a un sistema decrépito que se derrumbó, ¿esta utopía es vigente?
A esta pregunta Sánchez Vázquez ha respondido con otras preguntas: ¿siguen siendo válidas las razones para combatir al capitalismo?, ¿sigue siendo necesaria la crítica a un sistema que no ha hecho más que agra-var los males de la humanidad?, ¿sigue siendo deseable un proyecto de emancipación cuando el capitalismo amenaza no sólo a las clases explotadas sino a la hu-manidad entera?, ¿sigue siendo necesario el marxismo cuando la realidad a trasformar lo requiere cada vez más?, ¿sigue siendo necesario el marxismo vinculado a la praxis como alternativa al capitalismo cuando no se quiere que se convierta en un sueño utópico?
A juicio de Sánchez Vázquez, el marxismo no sólo sigue siendo vigente sino que hoy es más necesario y deseable que nunca, porque el propio capitalismo lo hace necesario. Se puede decir que la teoría pedagógica de Sánchez Vázquez, además de ser una potente herramienta para la transformación de la praxis educativa, también tiene consecuencias para la transformación de la sociedad, esto significa apreciar la influencia del gobierno y de los partidos como educadores frente a las masas que son educadas.
Lo que habría que comprender también es que lo pedagógico implica siempre un aspecto político entre dirigentes y dirigidos. Quizá la principal lección de Sánchez Vázquez es que no puede postular-se una relación educativa autoritaria con las masas. Esto significa una lamentable separación entre teoría y praxis que deriva en el teoricismo, que a su vez desemboca en el academicismo estéril y en una concepción burocrática de la praxis educativa.
¿Qué significa la pedagogía para Sánchez Vázquez? Se trataría sobre todo de enseñar a pensar. Por ejemplo, cuando en sus clases analizaba el movimiento estudiantil o la reforma de la educación superior, lo pedagógico para Sánchez Vázquez consistía en saber comprender la correlación de fuerzas sociales y políticas en un momento determinado: ¿cómo se plantea la relación entre los movimientos sociales y el movimiento estudiantil?
Esta relación la veía él, por ejemplo, en la discusión sobre la realización de una reforma de la universidad donde se definiera frente a los tres proyectos de universidad que impulsaban los principales sectores: 1) la universidad elitista, jerárquica y vertical; 2) la universidad populista o universidad pueblo, y 3) la universidad empresarial. En este último proyecto se trata de convertir la universidad pública en privada, ponerla en función del mercado y de la rentabilidad.
Para Sánchez Vázquez una verdadera reforma de la universidad significa no optar por ninguna de estas tres ideas o proyectos. Hay una cuarta que es mejor y que consiste en garantizar una serie de condiciones como las siguientes:
– libertad de cátedra y de investigación;
– defensa de la autonomía frente al Estado, los partidos o cualquier organización social;
– educación gratuita para los estudiantes y apoyo material suficiente;
– acceso del mayor número posible de estudiantes a la universidad pero con base en sus aptitudes probadas;
– democracia interna a partir de una Ley Orgánica.
En sus clases en la Universidad Autónoma de México Sánchez Vázquez planteaba un tema y problematizaba, no de cualquier forma, sino desde cierta perspectiva metódica y conceptual. El problema podía plantearse de diferentes maneras siempre que supiéramos contextualizarlo. Pero lo más importante era saber confrontar argumentos. Así, los problemas más confusos podían adquirir claridad y lógica. Esta manera de pensar los problemas implica siempre interpretar.
Para Sánchez Vázquez lo pedagógico no se reduce a la docencia en el aula o a las actividades escolares. También se aplica a lo extraescolar, a las relaciones políticas y sociales en general, como la relación entre gobernantes y gobernados. Así se conecta la praxis pedagógica con la praxis política. Lo que habría que comprender entonces es que lo pedagógico implica siempre un aspecto político entre dirigentes y dirigidos. La principal lección de Sánchez Vázquez es que no puede postular-se una relación educativa autoritaria con las masas. Esto significa una lamentable separación entre teoría y praxis que deriva en el teoricismo, que a su vez desemboca en el academicismo estéril y en una concepción burocrática de la praxis educativa.

La filosofía política de Adolfo Sánchez Vázquez constituye una de las pocas interpretaciones coherentes que podemos hallar hoy, que nos ayudan a comprender las grandes transformaciones sociales de nuestro tiempo. Sus contribuciones principales apuntan a esclarecer especialmente el funcionamiento político e ideológico de la sociedad contemporánea. Este esclarecimiento resulta fundamental para desarrollar una práctica política transformadora en las nuevas condiciones del capitalismo. Cabe destacar también aquellos aportes teóricos sobre la crisis del marxismo, el origen, desarrollo y colapso del «socialismo real». En relación con esto, Sánchez Vázquez sostiene que tal fenómeno se puede entender no como el fin del socialismo (lo cual equivaldría al fin de la utopía o al «fin de la historia») sino como el fin de un intento particular de realizar históricamente el socialismo. Pero además de ofrecernos una interpretación sobre la crisis actual del marxismo, la filosofía política de Sánchez Vázquez (fiel al espíritu de Marx, y no a la letra) es también una guía de acción para la izquierda después del derrumbe del «socialismo real». En este sentido es que hoy revalora la utopía.
Para quienes han seguido la trayectoria del pensamiento político de Sánchez Vázquez, tal revaloración seguramente resulta una sorpresa. Pero esto no tiene por qué sorprender si se tiene en cuenta que su reflexión filosófica siempre ha ido a contra corriente. No es casual que la revaloración que hoy nos propone se da cuando después del derrumbe del «socialismo real» el discurso dominante de la Academia, de los medios masivos de comunicación e incluso de casi todos los sectores de la izquierda, se proclama que «ahora sí, y de una vez por todas» Marx y el marxismo han muerto. En tales condiciones reafirmar la utopía socialista resulta un argumento contundente para rechazar esos planteamientos.
Pero ¿cómo desarrolló Sánchez Vázquez esta concepción? No se puede decir que surgió de manera intempestiva sino que fue producto de una elaboración de más de veinte años. En este ensayo nos proponemos rastrear algunos momentos clave de esos años. Quizá comprendamos que su escepticismo inicial hacia la utopía se debió a cierto ambiente intelectual y filosófico que condicionó la política de la izquierda. Esto explicaría que su filosofía política antes del derrumbe del «socialismo real» se caracterizara por una acentuación en la racionalidad científica. No podía ser de otra manera dado el ambiente ideológico de la época dominado por planteamientos idealistas de filósofos como Adorno, Agnes Heller o Habermas.
Mientras que hoy, después del derrumbe y visto que fracasaron también muchas filosofías cargadas de un positivismo exacerbado (como la filosofía analítica y el estructuralismo) no puede extrañar que haya un marcado acentuamiento en la utopía. En lo que respecta al marxismo, vemos también que la racionalidad científica podía derivar en una concepción instrumentalista de la razón (para mantener en el poder a la burocracia, en nombre del socialismo). De ahí que sea necesario para Sánchez Vázquez otra concepción de la utopía que incluya valores humanistas, de dignidad, libertad, igualdad, solidaridad, democracia y derechos humanos. Un proyecto político de emancipación requiere entonces, necesariamente, de la utopía, de una racionalidad valorativa, ya que tal proyecto no se deduce simplemente de un conocimiento (aunque no puede prescindir del ejercicio racional):
“La racionalidad instrumental no puede dejar de ser valorativa. No puede aceptarse la reducción de la razón a puro instrumento, ya que su uso no escapa a un marco intelectual con ciertos valores. Cierto es que el interés y los fines y valores que generan no se fundan científica o racionalmente. Pero la realización de fines y valores exige una serie de posibilidades, condiciones y medios que han de ser conocidos o descubiertos racionalmente. Un proyecto político de emancipación responde a necesidades, intereses y no se deduce de un conocimiento, ni este es garantía de su realización. Y, sin embargo, no puede prescindir del ejercicio racional en que consiste ese conocimiento.”
Como ha hecho notar Eric Hobsbawn el derrumbe del «socialismo real» marcó el final de una época en la que la historia del mundo se movió alrededor de la Revolución de Octubre. Durante más de sesenta años todos los gobiernos occidentales y las clases dominantes fueron puestos en jaque por el espectro de la revolución social.
Así, Sánchez Vázquez por su misma experiencia personal inició su filosofía política intentando explicar la burocratización de los países socialistas. En una entrevista de Valeriano Bozal, afirma que por esos años se sintió estimulado por los planteamientos antidogmáticos que se hicieron en algunos países como la Unión Soviética. Hacia 1971, año en que publica Del socialismo científico al socialismo utópico, Sánchez Vázquez tuvo cierta seguridad de que la burocratización de los países socialistas estaba relacionada con la ausencia de democracia. Al estudiar a Marx y comprender que no pueden separarse el socialismo y la democracia, señaló que: “la organización de por sí no es garantía de verdad ni de revolucionarismo, y que el partido no sólo no siempre tiene razón y toma a veces una decisión injusta, sino que puede burocratizarse, aislarse de las masas, negar la democracia en su seno y llegar así a cometer, incluso contra sus propios miembros, las mayores aberraciones.”
Para Sánchez Vázquez era necesario criticar la concepción misma de partido comunista como aquel que siempre es el educador pero no el que puede ser educado. Para fundamentar esta crítica, se dedicó a un estudio profundo y sistemático sobre la historia del marxismo y del movimiento obrero internacional. En un ensayo publicado en 1981 llegó a la conclusión de que en los países de la Europa del Este, la falta de democracia caracterizaba no sólo el funcionamiento interno del partido comunista, sino también el del propio Estado y la sociedad. En el «socialismo real» nunca hubo socialismo ya que nunca existió propiedad social, común, de los medios de producción sino sólo la propiedad estatal de éstos. ¿Cuál era entonces la verdadera naturaleza de esos países? Para Sánchez Vázquez eran sociedades poscapitalistas, es decir, ni socialistas ni capitalistas, sino sociedades bloquedas en su transición al socialismo. Si se trataba sólo de sociedades bloqueadas, lo que se necesitaba entonces era encontrar salidas.
Regresar a México y encontrarme con la grata sorpresa de que salió publicado en España un libro de homenaje a mi querido maestro Adolfo Sánchez Vázquez. El libro contiene 22 trabajos (incluyendo uno de mi autoría). La mayoría somos autores latinoamericanos. Los coordinadores (José Sarrión y Francisco Sierra) tuvieron buen cuidado de no caer en una visión eurocéntrica. Se nota que conocen en profundidad la obra de Sánchez Vázquez y destacan su extraordinaria labor de formación de varias generaciones de estudiantes en México.
Uno de los méritos de este libro es que nos habla de la vida de Sánchez Vázquez en México, y de cómo está sirviendo para pensar y enfrentar los nuevos problemas de la modernidad de América Latina.
Ciertamente, si Sánchez Vázquez viviera estaría reflexionando sobre cuestiones vitales que actualmente nos preocupan mucho, como la cibercultura, la inteligencia artificial, el Metaverso (o universo post-realidad), los videojuegos, los teléfonos inteligentes las plataformas virtuales, y todo lo que nos incitan las nuevas tecnologías de la información.
La publicación de este libro es un acontecimiento importante no sólo porque se ve que en España resurge el interés por la obra de Sánchez Vázquez, sino también porque reconoce el fuerte impacto de esta obra en la transformación social y política de los países latinoamericanos.

Sobre la ciudad de La Paz, Bolivia, se levanta otra ciudad El Alto, donde hay muchas casas sobre casas que se llaman “cholets” que se podrían definir como estéticas andinas neobarrocas. Son expresiones de gran creatividad e ingenio popular. Si no creemos en una estética europea- occidental de lo bello ¿por qué no podríamos aceptar que, como decía Adolfo Sánchez Vázquez, también hay belleza en otras culturas no occidentales? Los “cholets” en contraposición a los chalets de la Zona Sur donde vive la clase alta, corresponden a la identidad de un gran sector de la población migrante



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