
Por Samuel Arriarán
Antes de iniciar mi exposición debo decir que soy un alumno que desde muy joven ha tenido su principal formación profesional en los cursos y seminarios del doctor Adolfo Sánchez Vázquez. Tuve la suerte de que me dirigiera las tesis de licenciatura, maestría y doctorado. Por eso es una satisfacción profunda el que se me haya invitado a participar en este homenaje con motivo de sus noventa años. Como contribución a este importante acontecimiento he optado por escribir un modesto análisis con el fin de destacar sus aportaciones a la estética marxista. Como uno más de sus discípulos que le expresan con sinceridad su agradecimiento, le ofrezco este trabajo que intenta primeramente comprender y valorar aquellas aportaciones que ha desarrollado acompañado por Marx y otros marxistas como Lenin, Lunacharsky, Gramsci, Brecht, Kosik o Della Volpe. Finalmente intentaré opinar sobre la vigencia de dichas aportaciones después del derrumbe del “socialismo real”.
El hilo conductor que me guía en este trabajo es tratar de contextualizar la teoría estética de Sánchez Vázquez, que al igual que su teoría filosófica y política responden a las transformaciones culturales y tecnológicas de nuestro tiempo. Habría en la evolución de la teoría estética de Sánchez Vázquez las siguientes tres fases o etapas: 1. De la teorización del arte en la revolución a la revolución en el arte (años 60-70). 2. De la reflexión sobre la conciencia artística y de la realidad a la crítica de la mercantilización del arte (años 70-80). 3. De la crítica a la mercantilización artística a la crítica del clasicismo, del eurocentrismo y de la teoría de la recepción (años 80-90).
- Primera fase: de la teorización del arte en la revolución a la revolución en el arte.
Uno de los puntos de donde surgió la teoría estética de Sánchez Vázquez fue la profunda preocupación en los años sesentas por el destino del arte en lo que parecía una inminente transición al socialismo no sólo en algunos países europeos, sino también en varios países de América Latina fuertemente estimulados por la revolución cubana. Es así como postuló la necesidad de no sólo revolucionar la sociedad sino también de revolucionar el arte. En este sentido es que escribió su libro Las ideas estéticas de Marx como respuesta al dogmatismo existente en aquella época que concebía el arte desde enfoques gnoseológicos y sociologistas.
La tesis central de este libro fue la concepción del arte como praxis y trabajo creador, no reductible a la ideología ni a su aspecto sociológico: “Reducir el arte a la ideología o a mera forma de conocimiento es olvidar que la obra de arte es, ante todo, creación, manifestación del poder creador del hombre”. Alrededor de esta tesis desarrolló en trabajos posteriores, como Estética y marxismo, un conjunto de cuestiones fundamentales sobre la naturaleza de la obra estética, el valor del arte, sus funciones sociales, el compromiso político y la libertad de creación, el realismo socialista y la abstracción. Dada la imposibilidad de abordar todas estas cuestiones en el estrecho marco de una ponencia, me limitaré destacar que los orígenes de la estética de Sánchez Vázquez no residen solamente en una justificada reacción al esquematismo y la petrificación en aquellos países del “socialismo real” que por entonces anulaban la creatividad artística en nombre del realismo socialista, sino también en una reflexión ante las profundas incomprensiones sobre la obra de escritores calificados como herméticos, por ejemplo Kafka o de muchos artistas abstractos como Kandinsky, Rufino Tamayo o Wilfredo Lam. En los inicios de las ideas estéticas de Sánchez Vázquez, vanguardia y realismo no son ni podían ser excluyentes, ni tampoco la tradición y el arte moderno, menos aun el arte culto y el arte popular. No es casual que por esos años empezó a desarrollar una fundamentación de la pintura abstracta como lenguaje artístico significante.
La necesidad de esta fundamentación surgió ciertamente del fuerte debate en aquella época entre realismo y arte moderno. Defendiendo con firmeza la validez de la abstracción en el arte moderno, Sánchez Vázquez amplió la definición del arte como forma de lenguaje y expresión creadora de una nueva realidad. A partir de una caracterización amplia y abierta abrió el camino para replantear otros lenguajes igualmente significantes aunque con diferentes signos, como la música o el cine.
Resumiendo hasta aquí podemos decir que lo que caracteriza esta primera fase de Sánchez Vázquez es un conjunto de planteamientos muy concretos alrededor de un núcleo central (la concepción del arte como trabajo creador). En torno de este núcleo se desarrollaron problemas específicos en torno de la relaciones entre el arte y la política en términos de cómo captar la realidad social y de elevar la conciencia de ella. Frente a las concepciones reduccionistas del arte a la ideología, Sánchez Vázquez enfatizó su aspecto significativo propio, es decir, a su dimensión semántica y reflexiva. Esto significaba que no había ni podía haber una contradicción entre el verdadero arte y el compromiso político, tal como se demostraba en la obra de un Picasso o de un Pablo Neruda
- Segunda fase: la crítica de la mercantilización del arte (años 70-80)
En los primeros años de 1970, Sánchez Vázquez vislumbró no una desintegración o muerte del arte (como vislumbraron los teóricos del posmodernismo), sino más bien una socialización del arte como estetización de la vida en el socialismo.4 Tomando en cuenta los cambios técnicos que posibilitaron el desarrollo de la “obra abierta” y con base en la concepción de Brecht y de la teoría de Marx sobre la dialéctica.
Las aportaciones de Sánchez Vázquez a la estética marxista entre la producción y el consumo, nuestro autor profundiza su reflexión sobre el aspecto de la recepción y la participación estética. Si el arte es una actividad práctica y creadora que desemboca en un producto material, la intervención del receptor no se limita entonces solamente a su aspecto significativo. Pero en esta fase todavía no hay en Sánchez Vázquez una crítica a la teoría de la recepción sino más bien una preocupación a partir de ella por extender el arte a los más amplios sectores de la sociedad de tal manera que la creatividad artística no se reduzca a determinados individuos excepcionales.
Paralelamente, desarrolló en mayor profundidad la tesis de la hostilidad del capitalismo al arte. Según él, lo que mata la creatividad artística no es una manifestación abstracta o su aspecto hermético, sino su conversión en mercancía y su manipulación como “arte de masas”. En este punto hay que recordar el interesante cuestionamiento de Ramón Xirau y Cardoza y Aragón, que dudaron del proceso de la hostilidad del capitalismo al arte.
La respuesta de Sánchez Vázquez consistió en señalar que el hecho de los grandes artistas pudieron crear bajo el capitalismo no invalida la tesis marxista de la hostilidad del capitalismo al arte siempre que se entienda ésta como una tendencia de la producción material capitalista y no como una ley absoluta.
Debe estar conectado para enviar un comentario.