Filosofía y praxis educativa según Adolfo Sánchez Vázquez

El 8 de julio de 2011 Sánchez Vázquez falleció a causa de una pulmonía. Salvo una breve nota en el periódico El País, en España no hubo mayores reacciones. En México la reacción fue de un pesar muy grande. Los principales medios de comunicación difundieron sendos  editoriales  resaltando  la  extraordinaria  labor  del autor de Filosofía de la praxis.

Y es que en realidad la muerte de Sánchez Vázquez significó una gran pérdida; ocurre meses después de la muerte de algunos de los intelectuales mexicanos más críticos como Carlos Monsiváis, Bolívar Echeverría y Carlos Montemayor. Ocurre también en un momento en que España, Grecia  y  otros  países  europeos  y  latinoamericanos  atraviesan su peor crisis política, económica y educativa.

Todavía es difícil tomar conciencia de los efectos catastróficos que tiene la pérdida de estos grandes pensadores en un proyecto social alternativo en México. Al inicio de este trabajo nos propusimos intentar analizar la relación de su concepción de la praxis educativa con su conceptualización política y filosófica en general. Podemos concluir que la concepción pedagógica de Sánchez Vázquez se conecta con un tipo de tradición e historia particular: el marxismo del siglo XX. A esto se le puede denominar “espíritu de su época”. En este artículo he intentado sugerir que si bien puede desaparecer dicho espíritu o el contexto social e histórico en que surgió y se desarrolló su vida y  obra,  sin  embargo  permanecerán  muchas  de  sus  ideas. Tomando en cuenta que la utopía de la revolución socialista fue su principal preocupación filosófica y que dicha preocupación atraviesa sus reflexiones sobre  la  pedagogía,  cabe  preguntarse  si  a  pesar  de  la  situación  adversa  y  el  descrédito  del  socialismo,  falsamente  asociado  a  un  sistema  decrépito  que  se  derrumbó, ¿esta utopía es vigente?

A  esta  pregunta  Sánchez  Vázquez  ha  respondido  con otras preguntas: ¿siguen siendo válidas las razones para combatir al capitalismo?, ¿sigue siendo necesaria la crítica a un sistema que no ha hecho más que agra-var los males de la humanidad?, ¿sigue siendo deseable un  proyecto  de  emancipación  cuando  el  capitalismo  amenaza no sólo a las clases explotadas sino a la hu-manidad entera?, ¿sigue siendo necesario el marxismo cuando la realidad a trasformar lo requiere cada vez más?, ¿sigue siendo necesario el marxismo vinculado a la praxis como alternativa al capitalismo cuando no se quiere que se convierta en un sueño utópico?

A  juicio  de  Sánchez  Vázquez,  el  marxismo  no  sólo sigue siendo vigente sino que hoy es más necesario y deseable que nunca, porque el propio capitalismo lo hace necesario. Se puede decir que la teoría pedagógica de Sánchez Vázquez, además de ser una potente  herramienta  para  la  transformación  de  la  praxis  educativa,  también  tiene  consecuencias  para  la transformación de la sociedad, esto significa apreciar la influencia del gobierno y de los partidos como educadores frente a las masas que son educadas.

Lo  que  habría  que  comprender  también  es  que  lo  pedagógico  implica  siempre  un  aspecto  político  entre  dirigentes  y  dirigidos.  Quizá  la  principal  lección de Sánchez Vázquez es que no puede postular-se una relación educativa autoritaria con las masas. Esto significa una lamentable separación entre teoría y praxis que deriva en el teoricismo, que a su vez desemboca en el academicismo estéril y en una concepción burocrática de la praxis educativa.

¿Qué  significa la pedagogía para Sánchez Vázquez? Se trataría sobre todo de enseñar  a  pensar.  Por  ejemplo, cuando  en  sus  clases  analizaba  el  movimiento  estudiantil  o  la  reforma  de  la  educación  superior,  lo  pedagógico  para  Sánchez  Vázquez  consistía  en  saber  comprender  la  correlación  de  fuerzas  sociales  y  políticas  en  un  momento  determinado:  ¿cómo  se  plantea la relación entre los movimientos sociales y el movimiento estudiantil?

Esta relación la veía él, por ejemplo, en la discusión sobre la realización de una reforma de la universidad donde se definiera frente a los tres proyectos de universidad que impulsaban los  principales  sectores:  1)  la  universidad  elitista,  jerárquica y vertical; 2) la universidad populista o universidad pueblo, y 3) la universidad empresarial. En este último  proyecto  se  trata  de  convertir  la  universidad  pública en privada, ponerla en función del mercado y de la rentabilidad.

Para  Sánchez  Vázquez  una  verdadera  reforma de la universidad significa no optar por ninguna de estas tres ideas o proyectos. Hay una cuarta que es mejor y que consiste en garantizar una serie de condiciones  como  las  siguientes: 

– libertad  de  cátedra  y  de  investigación; 

– defensa  de  la  autonomía  frente  al  Estado, los partidos o cualquier organización social;

– educación gratuita para los estudiantes y apoyo material suficiente;

– acceso del mayor número posible de estudiantes a la universidad pero con base en sus  aptitudes probadas;

– democracia interna a partir de una Ley Orgánica.

En sus clases en la Universidad Autónoma de México Sánchez Vázquez planteaba un tema y problematizaba, no de cualquier forma, sino desde cierta perspectiva  metódica  y  conceptual.  El  problema  podía plantearse de diferentes maneras siempre que supiéramos contextualizarlo. Pero lo más importante era saber confrontar argumentos. Así, los problemas más confusos podían adquirir claridad y lógica. Esta manera de  pensar  los  problemas  implica siempre  interpretar. 

Para Sánchez Vázquez lo pedagógico no se reduce a la docencia en el aula o  a  las  actividades  escolares.  También se  aplica a  lo  extraescolar,  a  las  relaciones  políticas  y  sociales  en general, como la relación entre gobernantes y gobernados. Así se conecta la praxis pedagógica con la praxis política. Lo que habría que  comprender entonces  es  que  lo  pedagógico  implica  siempre  un  aspecto  político  entre  dirigentes  y  dirigidos.  La  principal lección de Sánchez Vázquez es que no puede postular-se una relación educativa autoritaria con las masas. Esto significa una lamentable separación entre teoría y praxis que deriva en el teoricismo, que a su vez desemboca en el academicismo estéril y en una concepción burocrática de la praxis educativa.

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